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La violencia en el fútbol base: hay que exponerlos y avergonzarlos

Los incidentes en Mallorca y los insultos racistas en el San Lorenzo vs Histórics son la gota que colma el vaso
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Los que llevamos un tiempo siguiendo de cerca el fútbol base, desde prebenjamines hasta juveniles, pisando los campos, compartiendo opiniones y puntos de vista con padres, jugadores, entrenadores, árbitros o federación, somos conscientes de una realidad que rara vez llega a la opinión pública.

Han tenido que salir a la luz varios lamentables hechos para que empecemos a tomar consciencia de lo que ocurre cada fin de semana y por desgracia, muchas más veces de las que nos podemos imaginar. Los altercados en el partido Alaró-Collerense, y los insultos racistas en el partido entre el San Lorenzo de Massamagrell e Historics Valencia, correspondiente a la categoría Segunda Juvenil Grupo IV han abierto los ojos a muchos, entre los que me incluyo.

Que esto pase en categoría juvenil no es otra cosa que el resultado del cultivo de la violencia y el odio desde que empiezan a jugar a fútbol, en muchas de las ocasiones, por la imitación de las conductas que los chavales ven en las gradas, en sus padres (que son quienes las ocupan), cada vez que saltan al terreno de juego.

En la actualidad nos encontramos unos padres que cada vez tienen menos tiempo para educar y, en el caso de que lo tengan, la sobreprotección invalida que los hijos asuman responsabilidades, adquieran compromisos sociales y caminen por el desarrollo más conveniente para la vida en sociedad,

En muchas ocasiones, estas actitudes vienen dadas por un padre o madre frustrado, cabreado, o simplemente, maleducado (que los hay, y muchos). Ahora, algunos de esos padres se esconden, o se avergüenzan de ese tipo de conductas, y es labor de todos nosotros, hacer que se sientan así, que sientan vergüenza por lo que están haciendo cada fin de semana con sus hijos, con su equipo y con el fútbol.

Como ya os contamos hace unos días, en la actualidad nos encontramos unos padres que cada vez tienen menos tiempo para educar y en el caso de que lo tengan, la sobreprotección invalida que los hijos asuman responsabilidades, adquieran compromisos sociales y caminen por el desarrollo más conveniente para la vida en sociedad. No hemos hablado de saber educar o para qué hay que educar, o dónde no puede haber negociación alguna.

¿Y qué ocurre cuando, además de lo dicho, ven en el niño un posible negocio? ¿Qué ocurre cuando se miran al espejo y ven dólares en los ojos? Pues puede ocurrir lo siguiente: que piensen que las escuelas de fútbol estén perjudicando la evolución del chaval, que el niño debe jugar siempre porque es la mejor forma de progresar y de que alguien lo pueda fichar, etc.

Nada de esto justifica las actitudes violentas, las faltas de respeto o insultos que en muchos casos son los protagonistas en las gradas, y que en algunas ocasiones, en vez de encontrar la reprobación de quienes comparten espacio con el “gritón”, lo que encuentran es apoyo, sumando más decibelios a la vergüenza. En vez de ello, hay que señalarlos, decirles que lo están haciendo mal y denunciarlo: al final, a eveces, pagan justos por pecadores.

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