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Una inversión necesaria: desfibriladores en campos de fútbol base que salvan vidas

El aparato de reanimación salvo la vida a un padre la semana pasada en el campo del Patacona CF
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En los últimos años, instituciones y autoridades han dado un paso adelante en lo que respecta a la cardioprotección en instalaciones deportivas. Clubes de Primera División, como Valencia, Villarreal o Levante, cuentan con desfibriladores repartidos en sus estadios y en sus ciudades deportivas. Era lógico que su uso se hiciese extensivo a las instalaciones deportivas de uso particular.

Desde hace años, el Consejo Superior de Deportes (CSD) informa y ofrece recomendaciones para luchar contra síncopes de deportistas en el terreno de juego, un acontecimiento alarmante que además puede ser grave y acabar en una muerte súbita debido a una taquicardia ventricular o la fibrilación ventricular. “En estos casos, el rápido inicio de una reanimación cardiopulmonar junto con la aplicación de los desfibriladores automáticos han demostrado mejorar enormemente la supervivencia en los deportistas que sufren un síncope”, indican en su portal.

Hace una década se puso en marcha un ambicioso plan por parte de la Fundación Deportiva Municipal (FDM) de Valencia para equipar con desfibriladores semiautomáticos a todas las instalaciones municipales. Un servicio que se completó en 2011 con la presencia de un total de 52 desfibriladores en la ciudad de Valencia, de cuyo mantenimiento se encarga anualmente la FDM y que en más de una ocasión han salvado vidas en peligro.

Los DESA (Desfibriladores Externos Semi Automáticos) destacan por su facilidad de uso. Dos parches (electrodos) conectados al equipo, son colocados en el pecho de paciente. El procesador que tiene el equipo analiza el ritmo de corazón y determina si está recomendado generar una descarga eléctrica para salvar la vida de la persona que ha sufrido el ataque al corazón. En caso de que esté recomendada la descarga, el propio aparato aporta instrucciones por voz y/o texto, para indicar al usuario como utilizar el aparato.

En este sentido, la formación en reanimación cardiopulmonar (RCP) del personal de las instalaciones deportivas e incluso de los propios deportistas es una política preventiva muy importante, ya que son ellos los que pueden y deben actuar como primeros intervinientes hasta la llegada de los servicios de emergencia. Para muestra, un botón: el pasado lunes 3 de julio, uno de los asistentes al Campus de verano del Levante UD en las instalaciones del Patacona CF sufrió un infarto de miocardio, y la presencia de un desfibrilador en sus instalaciones le salvó la vida, según informó Hortanoticias.

El hombre, padre de uno de los alumnos del campus, se encontró mal de repente y fueron primero uno de los ‘fisios’ del Levante UD, Pedro Múzquiz (el club granota incluye la RCP en su formación tanto a entrenadores como fisioterapeutas), y luego dos agentes de la Policía Local los que intervinieron con rapidez efectuando la reanimación cardiopulmonar, que combinada con el uso del desfibrilador de la instalación permitió mantenerlo con vida hasta la llegada del SAMU. La reanimación se mantuvo hasta su ingreso en el hospital, donde permaneció en los últimos días en la UCI aunque estable.

De hecho, el pasado sábado 8 de julio, en la clausura del campus, el Levante UD tuvo un detalle con el paciente, ya recuperado afortunadamente, y le regaló una camiseta oficial del club.

En el caso de la instalación del Patacona CF, fue el propio club el que tuvo que hacer el desembolso particular para tener en propiedad el desfibrilador. Según explica su presidente Salva Pons a ESPORTBASE, la propuesta salió adelante “gracias a los padres del club, realizando una rifa de una camiseta firmada por los jugadores del Levante UD” para costear la compra del aparato.

Su coste (cerca de 3.000 euros) y su mantenimiento (unos 500 euros anuales), teniendo en cuenta que ha salvado una vida, parecen hoy un desembolso de lo más económico. Con ejemplos así, no sería de extrañar que aquellas instalaciones que todavía no cuenten con uno de estos aparatos se replanteen su adquisición lo antes posible, ya sea a través de iniciativas privadas (como hizo el Patacona) o gracias al apoyo de las instituciones.

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