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La ruina después del fútbol: una breve introducción

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Gascoigne: del cielo a la ruina | Fotos: The Sun

La imagen se repite: el futbolista de élite, en plenitud física y mental, anotando el gol de la victoria para su equipo en un estadio en el que decenas de miles de personas le jalean y aplauden tras dar los tres puntos a los suyos. Está, literalmente, en la cima del mundo. No se puede aspirar a más.

Años después -no demasiados-, el mismo futbolista pasa por dificultades económicas inimaginables una década atrás. Está arruinado.

“¿Cómo es posible?”

Esta es una pregunta que, acompañada de ejemplos ilustrativos con nombres más que conocidos para todos (Paul Gascoigne, George Best, Christian Vieri...), se suele hacer desde la Asociación de Futbolistas Internacionales a aquellos jugadores que actualmente visten la camiseta de la Selección. Lo reflejó Conrado Valle en el Diario AS hace unos días: Fernando Giner, ex internacional y también presidente de la Asociación de Futbolistas del VCF, les explicó a los jugadores de ‘la Roja’ que 2 de cada 25 jugadores en un vestuario de élite acabarán arruinados. ¿Estadística demasiado llamativa? La realidad no engaña.

Principales causas y la formación como solución

La vida de un futbolista de élite es corta: entre 10 y 15 años como promedio, 20 años en el mejor de los casos y siempre que se cuide y su físico responda. En ese tiempo, las cantidades de dinero que pueden amasarse son ingentes, inmensas, desproporcionadas incluso. Y no todo el mundo está preparado para gestionar ese patrimonio de la noche a la mañana.

Suele culparse a adicciones como el alcohol, las drogas, el juego o los ‘caprichos’ en forma de compras compulsivas como principal factor para que un futbolista se arruine apenas unos años después de terminar su actividad profesional. Todas ellas son peligrosas e influyen en el declive personal del deportista, pero -curiosamente- no suponen el principal motivo por el que un ex futbolista acaba arruinado.

De nuevo, el propio Fernando Giner lo ha explicado en varias ocasiones: el mayor ‘agujero’ al patrimonio de un futbolista proviene de las inversiones cuestionables o directamente equivocadas de su fortuna (en inmuebles, negocios, fondos, etc) y, también, de las separaciones y rupturas matrimoniales en sus últimos años de carrera. Ambas comparten el mismo defecto fatal: el absoluto desconocimiento a nivel legal, técnico y económico de todos los entresijos que esconden sus contratos.

No es factible esperar que un futbolista -ni, por extensión, un ciudadano medio- posea amplios conocimientos en economía, jurisprudencia o materia legal. Sólo unos pocos ejemplos excepcionales -nos viene a la mente Juan Mata, por ejemplo- son capaces de trabajar y evolucionar en esta parcela al tiempo que lo hace en su carrera deportiva. Sin embargo, sí que es recomendable tener unas nociones básicas, así como la seguridad que proporciona un asesor o gestor que le explique, ayude y mantenga ‘a raya’ su patrimonio para que pueda prolongarse en el tiempo.

Para poder aprender dichas nociones básicas es imprescindible contar con una buena materia prima en forma de deportistas que sean personas formadas mínimamente a nivel escolar, con una preparación suficiente no sólo para afrontar la competición al máximo nivel, sino el tren de vida y exigencia fuera del campo que conlleva. La conclusión es clara: un futbolista talentoso pero sin inquietudes más allá del césped suele encontrarse con más problemas una vez finalizada su carrera que un jugador inteligente (independientemente de su talento) tanto dentro como fuera del campo. 

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