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Cambiar de club: algunas reflexiones para los padres de futbolistas

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Foto: Odyssey

En ‘El Árbol de la vida’, Terrence Malick capta el mundo de la infancia, todas esas cosas que marcarán la personalidad adulta. Malick se inventa un lenguaje de artista superior para hablar de la iniciación, del descubrimiento permanente. Su prodigiosa cámara recrea juegos, estados de ánimo, miedos, visiones, enigmas, asombro, dudas, revelaciones que te acompañarán toda tu vida y la lacerante nostalgia de haber vivido alguna vez en un paraíso que se ha perdido. Las relaciones de estos niños entre ellos, con sus padres, con las personas y las cosas, con los milagros cotidianos, poseen la cadencia, la complejidad, el poder de evocación y la magia de los mejores poemas.

Últimamente leemos muchas noticias del fútbol formativo en torno al mercadeo de niños para completar equipos, prácticas abusivas de captación de unos clubes sobre otros, padres inducidos a que sus hijos cambien de club o clubes que prescinden de un día para otro de la mitad del equipo etc. En todo este maremágnum los padres deben estar preparados para poder tomar las mejores decisiones para sus hijos salvaguardando al deportista y valorando dos aspectos fundamentales, los beneficios de la práctica deportiva y la transmisión de valores positivos del deporte para la vida.

Iniciación a la ley de la oferta y la demanda

“Los futbolistas no son cosas”

Pedro, joven futbolista alevín, había aterrizado por un amigo en una Escuela de fútbol que intentaba con unos medios muy limitados pero una clara filosofía de trabajo, formar a sus deportistas de forma integral. Su equipo iba penúltimo en la clasificación, la verdad es que únicamente habían ganado dos partidos y empatado uno, pero el ambiente en el equipo era excepcional, aprendía cosas nuevas casi cada día, se divertía mucho y su entrenador le trataba con mucho respeto. Además, todos los compañeros que cumplían los compromisos adquiridos al comenzar la temporada y se esforzaban en los entrenamientos disfrutaban de minutos de juego en las competiciones.

A los padres de Pedro vino a visitarles el coordinador de un club de la misma provincia ofreciéndoles incorporar a su hijo a su club, destacando sobre todo las buenas instalaciones de las que iba a poder disfrutar, todo el material deportivo que iba a recibir y el inmenso cambio que iban a percibir pues a partir de ahora verían a su hijo ganar muchos más partidos que con su antiguo equipo.

Juan era un futbolista cadete que siempre había destacado en todas las categorías de su club y ya había llamado la atención de los coordinadores de otros equipos y de algún representante de futbolistas. Dominaba perfectamente la técnica, era rápido y tenía mucha inteligencia para tomar decisiones mientras jugaba, incluso en situaciones con marcadores ajustados rendía de forma satisfactoria afrontando los partidos como un reto.

Los padres de Juan tuvieron que hacer un veloz máster para decidir [como antes tuvieron que hacer otro para saber aguantar las presiones de los clubes que trataban de “llevarse a su hijo”], pues la idea de hacer que su hijo cambiara de equipo estaban convencidos que era la decisión más acertada si quería seguir progresando. Dada la madurez de su hijo, era el momento preciso para llevarla a cabo y el único problema era saber elegir correctamente porque club de fútbol inclinarse. En su e-mail tenían ofertas de los 3 mejores equipos de España y una de un equipo inglés con una amplia tradición formando jugadores: la familia había madurado lentamente la decisión y se sentían preparados para tomar la mejor decisión para la carrera deportiva de su hijo.

Padres: valoración de los costes y los beneficios de una decisión

“Son muchas las circunstancias por las que pasa un joven como para ensayar exclusivamente nuestras pretensiones”

¿Qué deberían hacer los padres de Pedro y Juan?

Pedro

Costes.
Ya no va a estar en el equipo con sus amigos del Colegio. 3 días a la semana se desplazará nada más terminar sus clases a las instalaciones municipales que están a las afueras de la ciudad (será su padre quien le vaya a recoger al colegio y le lleve en coche). Además, tendrá que adaptarse a sus nuevos compañeros, a una dinámica diferente de entrenamiento y quizás ya no sea titular como en su anterior equipo.

Beneficios.
Estará en un club mucho mejor organizado, con mejores instalaciones y material. Ganará muchos más partidos y su equipo intentará luchar por ganar el campeonato.

Juan

Costes.
Mayor exigencia = Mayor presión. Muchos viajes. Menor tiempo de estudio [que le llevará a la necesidad de saber organizarse], y de estar con sus amigos y con su familia. Menor tiempo de ocio.

Beneficios.
Ingresos económicos, posibles contratos publicitarios, jugar la mejor liga de España o tener la posibilidad de jugar en Inglaterra y aprender idiomas. Conocer otras culturas.

Estas, u otras situaciones análogas, son las que actualmente se les plantean a muchos padres con mayor frecuencia, unas veces como un tema relevante, otras veces como un juego interesado, pero en cualquier caso es un asunto prioritario que los padres deben saber gestionar con inteligencia y tomar buenas decisiones.

Algunas recomendaciones para los padres de los futbolistas

“La sabiduría es mejor que el ingenio, y a la larga tendrá sin duda la risa de su parte”

– Deben saber diferenciar adecuadamente el fútbol de formación del fútbol profesional.

“En la formación se corre el peligro de tratar a los niños como si fueran jóvenes adultos”.

– El deporte y los estudios.

Es muy importante que los deportistas sepan compatibilizar los estudios y la práctica del fútbol durante su proceso de formación.

– Deben procurar dar una dimensión adecuada del sacrosanto verbo ganar en las etapas de formación.

“Ganar, es parte de la enseñanza, pero no lo más importante”

Luis Aragonés dictó sentencia cuando enunció aquella mítica frase que muchos recuerdan sobre el verdadero objetivo del fútbol profesional: “ganar y ganar y ganar y volver a ganar, eso es el fútbol”. Los padres de niños futbolistas deben dejar de guiarse por esta pauta como única orientación que guie su disfrute con la práctica deportiva de su hijo y no debería ser la única perspectiva para tomar decisiones en torno al cambio de equipo o club de sus hijos. En general, el papel que debe jugar la competición a estas edades es que los niños pongan en práctica lo realizado en los entrenamientos y que sobre todo, sea una experiencia agradable y que jueguen “sin miedo a perder”.

– Qué representante elegir para que dirijan correctamente la carrera deportiva de sus hijos.

La fórmula es clara, ya que afloran en el mundo del fútbol y algunos jugadores les necesitan, los padres deben confiar en aquellos que tengan una clara filosofía empresarial de priorizar al deportista por encima del negocio.

– Los padres deben intentar comprender el deporte que practican sus hijos.

“Dependerá de su participación en el juego, su talento, capacidad de trabajo y su madurez como siempre dentro y fuera de la cancha”.

Por ejemplo, para los deportistas con verdaderas condiciones hay determinados periodos críticos en la formación deportiva donde realizar los entrenamientos adecuados es un factor decisivo. En estos momentos la calidad de los contenidos del entrenamiento y de los entrenadores son aspectos claves y es bueno que los deportistas puedan tener la opción de medirse y conseguir objetivos más ambiciosos guiados por una perspectiva realista de poseer las condiciones, físicas, técnicas, tácticas y psicológicas, que se exigen en estos niveles competitivos.

De esta forma, los padres tendrán más probabilidades de acertar en la adecuada gestión de la carrera deportiva de sus hijos, “aportando que sus hijos puedan salir adelante evitando frustraciones y falsas expectativas”.

Reflexión final

“No debemos adulterar un proceso natural de formación educativa que es básico para el desarrollo posterior de la persona con la excusa de tener un diamante en bruto”

Los padres deben tomarse un tiempo de reflexión para tratar de encontrar la mejor escuela o club para sus hijos donde puedan progresar teniendo los mejores medios materiales y humanos, evitando que los niños sean tratados como una simple “mercancía”. Además, deben valorar que la mayoría de las veces cambios tan grandes de contextos competitivos no se vinculan necesariamente a mayores beneficios por realizar una práctica deportiva, dado que la mayor parte de estos niños corren el peligro de sentirse indefensos o muy vulnerables a su nueva situación corriendo el peligro de terminar por dejar de jugar al fútbol.

El mejor camino para el joven futbolista siempre será el de estar en el lugar donde pueda aprovechar los beneficios que el deporte bien planificado le puede proporcionar en sus diferentes etapas formativas. Haciendo de la práctica del fútbol una experiencia de vida saludable y no una experiencia frustrada que termine con su trayectoria deportiva. En este sentido, los padres deben ser muy prudentes, saber valorar los beneficios, pero también los costes que la nueva situación deportiva les puede traer. Al mismo tiempo, algunos padres deben saber valorar si es el momento oportuno –cuando se den las condiciones adecuadas-, de perseguir la legítima ambición de un posible aterrizaje futuro de su hijo en el fútbol profesional, dejarse asesorar convenientemente o buscar consejo en personas profesionales del deporte.

En cualquier caso, lo trascendente es que no debemos olvidar que el joven futbolista aún no puede decidir, pero sigue siendo el protagonista principal de esta actividad.

Texto: J. Enrique Rincón
Psicólogo Experto en Psicología del Deporte
Psicología para Entrenadores
Psicoaching.net

*Referencia, “Mi hijo es el mejor, y además es mi hijo” de José María Buceta.

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